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The Religious Consultation on Population, Reproductive Health and Ethics

 

La Actitud Católica Moderada respecto a la Anticoncepción y el Aborto

del
Profesor Daniel C. Maguire, Profesor de Teología Moral
en la Universidad de Marquette
 

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   No hay tan sólo una actitud respecto a la anticoncepción o el aborto en la iglesia católica. Existe, por supuesto, la actitud conservadora, bien conocida, del papa y bastantes miembros de la jerarquía, y de una minoría significantiva de los teólogos católicos. Esta perspectiva afirma que los anticonceptivos artificiales y el aborto son siempre malos. Para esta perspectiva conservadora, ni siquiera un esposo cuya pareja haya contraído HIV puede usar anticonceptivos . Esta es una forma de interpretación posible de las tradiciones católica y cristiana, pero la mayoría de la gente -católica o no- piensa que es extrema. Si fuera la única postura católica, ortodoxa y legítima, sería trágico, pero no es así.

   Junto a estas enseñanzas tan estrictas existe en la tradición y fe católicas, la perspectiva de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista moral. Está claro que el uso de anticonceptivos es necesario para prevenir el contagio de infecciones, pero también para limitar la fertilidad. La planificación familiar es tan esencial para la vida humana como la razón. Como dice el científico Harold Dorn con lógica aplastante: "Ninguna especie ha sido capaz de multiplicarse sin límite. Desde el punto de vista biológico hay dos formas de controlar un crecimiento rápido de la población -- un índice de mortalidad alto y un índice de fertilidad bajo. Al contrario que otros organismos biológicos, los seres humanos pueden escoger cuál de estas formas prefieren, pero deben escoger una." Si hay un exceso de producción, la naturaleza nos va a matar mediante el hambre, las enfermedades y la destrucción medioambiental, como ya ocurre en tantas partes del mundo. La alternativa es la planificación familiar.

   En el mundo ideal todo el mundo tiene acceso a anticonceptivos, las mujeres y los hombres son cultos y respetuosos para con los demás, la pobreza no causa estragos n la vida de la gente --- en ese mundo, en esa utopía, apenas necesitaríamos el aborto. El mundo no es una utopía. En el mundo hay embarazos no deseados ni planeados, y las mujeres pueden, por razones serias y de peso, decidir terminarlos con un aborto. Todas las religiones del mundo lo reconocen. En mi reciente libro ELECCIONES SAGRADAS: EL DERECHO A LA ANTICONCEPCIÓN Y EL ABORTO EN DIEZ RELIGIONES DEL MUNDO (Fortress Press, 2001), demuestro que todas las grandes religiones del mundo --incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición que puede ser también un castigo. Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación familiar, gual que el catolicismo. Pero también tienen perspectivas más moderadas que permiten la anticoncepción y también el aborto cuando sea necesario por razones serias.

   En el catolicismo, esta perspectiva tan moderada y sensata no está a la vista. Desde los tejados sólo se ha predicado la perspectiva extremadamente conservadora -- sobre todo desde los tejados del Vaticano. El Vaticano también anuncia este mensaje desde el tejado de las Naciones Unidas, donde es la única religión del mundo que tiene un asiento en ese cuerpo internacional. Desde ese asiento el Vaticano ha promovido de forma muy activa la perspectiva católica más restringente respecto a la planificación familiar, aunque hay perspectivas católicas más liberales que son así mismo completa y genuinamente católicas. El Vaticano desde su actitud excesivamente privilegiada en las Naciones Unidas junto con las naciones "católicas" ---aliadas ahora recientemente con naciones musulmanas conservadoras--- se las arregló para evitar toda referencia a la anticoncepción y la planificación

Junto a esta doctrina tan estricta existe en la tradición y fe católico ramanas, la perspectiva de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista moral.

familiar en la conferencia de las Naciones Unidas de Río de Janeiro de 1992. Esta alianza también retrasó los procedimientos de la conferencia de la ONU en El Cairo de 1994 e impidió cualquier discusión razonable sobre el aborto. Con ironía Brundtland, el Primer Ministro de Noruega de entonces dijo de la conferencia de Río: "Los estados que no tienen ningún problema de población -- en un caso en concreto, ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."

  Esta relación repentina entre el Vaticano y los estados musulmanes conservadores es interesante. Durante catorce siglos la relación fue tumultuosa, hasta el punto de llegar a la guerra y la persecución. Durante ese periodo de tiempo se sabía que había abortos, pero esto no causó comodidad ecuménica. ¿Cuál es el tema real, los fetos, o que estos dos bastiones patriarcales hayan formado una nueva unión para defenderse de una nueva amenaza... la necesidad urgente de la mujer de ser libre y tener determinación propia? En mi opinión la misoginia explica esta nueva y sorprendente alianza.

La Reforma Católica

   Una de las tragedias de la vida humana es la separación del poder y las ideas. Hay mucho más buen sentido y flexibilidad en la tradición católica que en sus líderes. Con frecuencia los líderes religiosos no están preparados para ser los mejores portavoces de la tradición que representan. En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo. Pero se está produciendo un cambio al entrar gente laica en el campo de la teología católica y aportar sus experiencias de la vida real como trabajadores, padres y profesionales. La teología católica ya no es un club the clérigos, y es una ventaja.

   Uno de estos teólogos laicos es la profesora Christine Gudorf, estudiosa de fama internacional que enseña en la Universidad Internacional de Miami. Es también madre y esposa. La teología católica ha sido en los últimos siglos algo casi exclusivo de los hombres. El cambio ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a enriquecer la tradición con sus investigaciones y experiencias femeninas.

[T]odas las grandes religiones del mundo -- incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición que puede ser también un castigo.



   Teilhard de Chardin, el erudito jesuita, dijo que nada es inteligible fuera de su historia. Comprendemos. Si perdemos nuestra historia personal por una amnesia, no sabríamos siquiera quiénes somos. Gudorf, junto con otros muchos eruditos, cree que nada les aclara la mente a las caricaturas como un paseo vigorizante por la historia.

La Historia Católica

   Gudorf señala que cuando surgió el cristianismo se conocían y practicaban tanto la anticoncepción como el aborto. Los egipcios, judios, griegos y romanos utilizaban varios métodos de anticoncepción, incluído el coitus interruptus, pesarios, pociones y condones, y parece ser que el aborto era un fenómeno ampliamente extendido. Los cristianos tenían conocimiento de esto y aunque algunos líderes religiosos intentaron suprimirlo no tuvieron nunca un éxito total.

   Sorprendentemente, el aborto y la anticoncepción no eran las formas más comunes de limitar la fertilidad en Europa incluso antes de la llegada del cristianismo. El infanticidio era el método principal, al igual que en el resto del mundo. El cristianismo reaccionó contra el infanticidio, pero existe evidencia de que continuó practicándose. En documentos de la última parte del medievo y la primera de la época moderna se observa una gran incidencia de muerte infantil "por accidente" causada por niños que "se habían dado la vuelta" o niños ahogados, o decían que el niño había "nacido muerto." Como dice Gudorf, "la cantidad de niños aplastados no podía ser sólamente un accidente."

   De todas formas durante la edad media el infanticidio era mucho menos común que el abandono. Con más frecuencia, los padres que no podían cuidar a sus hijos, los abandonaban en un cruce de caminos, en las puertas de las casas o en el mercado, con la esperanza de que algún transeunte los adoptara. (Con frecuencia los niños estaban condenados a una vida de esclavitud y muerte temprana.) Para minimizar esta crisis, la iglesia de la edad media ofreció la "oblación." Quería decir que los padres podían ofrecer los niños a la iglesia y crecían en monasterios religiosos. Muchos de ellos se hicieron monjas y monjes célibes, y así se pudo contener también la fertilidad.

   Otra respuesta católica al exceso de fertilidad fue la undación de inclusas. Las inclusas tenían un torno giratorio (ruota) donde se podía colocar a los niños de forma anónima y luego el torno giraba y el niño estaba dentro. Las intenciones eran mejores que los recursos y la gran mayoría de estos niños, a veces el 90 por ciento, morían a los pocos meses. Debido a la dependencia en el infanticidio y el abandono, no sorprende que no se hablara mucho del aborto y la anticoncepción. Como dice Gudorf, "las principales batallas pastorales del primer milenio fueron sobre el infanticidio, cuya prohibición aumentó sin duda el índice de los abandonos." Una orma común y cruel del control de la natalidad era el alto índice de mortalidad de niños debido a deficiencias nutritivas, higiénicas o médicas.

Enseñanzas Católicas sobre la Anticoncepción y el Aborto

   La doctrina católica sobre la anticoncepción y el aborto no han sido constantes para nada. Lo que la mayoría de la gente --incluyendo la mayoría de los católicos-- piensa cuando se refiere a "la actitud católica" respecto a estos temas data de hecho de la encíclica de 1930, Casti Connubii, del Papa Pío XI. Con anterioridad la doctrina de la iglesia eran un cajón de sastre. El papa decidió poner orden a la tradición y cambiarla diciendo que la anticoncepción y la esterilización atentaban contra la naturaleza y que el aborto atentaba contra la vida.
Como dice Gudorf, "la anticoncepción y el aborto estaban prohibidos normalmente" en la doctrina anterior, pero los dos se asociaban normalmente con la brujería. Para el Papa Gregorio IX en el Decreto de 1230 tanto la anticoncepción como el aborto son "homicidios." Algunos penitenciales de la primera parte de la edad media ordenan siete años de ayuno a an y agua para un laico que cometa un homicidio y un año por practicar un aborto, pero siete años por esterilización. La esterilización se consideraba más seria que el aborto porrazones anti sexuales, más que "a favor de la vida". La actitud tradicional cristiana ante la sexualidad era tan negativa que sólo la reproducción podía justificar una actividad tan inmoral. El aborto impedía la fertilidad una vez, mientras que la esterilización la impedía para siempre y era por tanto más seria. También el hecho de que no se conociera muy bien la función del óvulo hasta el siglo XIX contribuía a que pensaran que el esperma eran pequeños homunculi, gente en miniatura, y por esta razón llamaban homicidio a la masturbación masculina. La ética sexual de la historia cristiana es decididamente un baturrillo. Para comprenderla realmente y poder formar un juicio de valor sobre las opciones morales católicas es necesario conocer un poco mejor la historia.

La Elección Católica del Aborto

   Aunque apenas se reconoce en la mayoría de los discursos públicos internacionales, la actitud católica sobre el aborto es pluralista. Hay una gran tradición "a favor del aborto" y una tradición conservadora en contra. Ninguna es oficial y una no es más católica que la otra. El intento de la jerarquía de presentarnos la actitud católica como una sola voz, un negativo que no ha cambiado y se ha dejado llevar durante veinte siglos de consenso no perturbado no es cierto. Al sacar a la luz esta apertura auténtica hacia la elección del aborto y la anticoncepción en el centro de las tradiciones, la situación de la actitud en contra del aborto se presenta como una másentre las varias posiciones católicas.

   La Biblia no condena el aborto. Cuando más se aproxima es en el Éxodo 21:22, en el cual habla del aborto por accidente. Le impone una multa a un hombre que "durante el transcurso de una pelea" hizo que una mujer perdiera a su hijo. El tema en este caso es el derecho del padre a tener descendencia; te puede multar por hacer algo erróneo, pero no te puede hacer pagar "ojo por ojo" como si hubieras matado a alguien. Por eso, como dice el teólogo conservador John Connery, S.J., "el feto no tenía la misma categoría que la madre en las leyes hebreas." No tenía la categoría moral de persona. Eso es lo que dice la Biblia al respecto.

"Los estados que no tienen ningún problema de población … ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."


   La historia temprana de la iglesia sigue el ejemplo de las escrituras respecto al aborto y habla de ello sólo de forma accidental o esporádica. Ciertamente no hay ningún estudio sistemático de la cuestión hasta el siglo XV. Un escritor temprano de la iglesia, Tertuliano, habla de lo que hoy llamaríamos aborto de urgencia de la última parte del embarazo, cuando los médicos tuvieron que desmembrar un feto para sacarlo, y llama a esta medida de urgencia "crudelitas necessaria", una crueldad necesaria. Evidentemente esto equivale a la aprobación moral de lo que algunos llaman hoy de forma errónea un "aborto de nacimiento parcial."

   Algo que se desarrolla temprano y se impone como tradición dominante en la cristiandad es la teoría de la hominización tardía o la llegada del alma. Es un préstamo griego y decía que el alma humana espiritual no llegaba al feto hasta incluso tres eses de embarazo. Hasta entonces la vida que estuviera ahí no era humana. Opinaban que el conceptum estaba habitado hasta entonces primero por un alma vegetativa, luego un alma animal y sólo cuando estaba lo suficientemente formado, por un alma espiritual humana. (Ver, por ejemplo, Tomás de Aquino, Summa Theologiae 1, q. 118,2 ad 2) Aunque hubo algunos intentos machistas que dijeron que el alma masculina llegaba más pronto---quizá al mes y medio del embarazo---la regla para decidir cuándo alcanza el feto el grado de "bebe" era de tres meses o incluso más tarde. Como escribe Christine Gudorf, la perspectiva pastoral común era "que la llegada del alma ocurría cuando la madre comenzaba a notar que el feto se movía en el útero, normalmente al principio del quinto mes. Antes de la llegada del alma no se consideraba al feto como persona humana. Por esta razón la iglesia no bautizaba a los que habían muerto por abortos naturales o habían nacido muertos.

   Reflexionando sobre la creencia pía en la resurrección de todos los muertos al final del mundo, Agustín se pregunta si los fetos tempranos como resultado de abortos naturales también se levantarían. Dijo que no. Añadió que tampoco se levantaría todo el esperma de la historia. (Por lo cual estamos agradecidos.) La conclusión a la que llegaron los teólogos católicos latinoamericanos en un estudio reciente es la siguiente: "Parece ser que los textos que condenan el aborto en la iglesia temprana se refieren al aborto de un feto formado plenamente." (Problemática Religiosa de la Mujer que Aborta, Universidad Externado de Colombia, 1994) Ni el feto temprano tiene la categoría de persona, ni matarlo entraría en la categoría de asesinato.

   Esta idea de la entrada tardía del alma perduró a lo largo de la tradición. Santo Tomás de Aquino, el más estimado de los teólogos medievales, opinaba lo mismo. Por lo tanto, la postura más tradicional y testaruda de la cristiandad católica es que los abortos tempranos no son asesinatos. Puesto que la mayoría de los abortos practicados hoy en día son abortos tempranos, no son, de acuerdo con esta tradición católica, asesinatos. Así mismo, todas las interrupciones del embarazo efectuadas a través del uso de RU 486 no se considerarían asesinatos de personas humanas de acuerdo con esta tradición católica de "hominización tardía." El padre Joseph Donceel, S.J. expresa una conclusión obvia: "el embrión no es desde luego una persona humana durante las primeras etapas del embarazo, y por consecuencia, no es inmoral terminar elembarazo durante esta época, asumiendo que haya razones serias para tal intervención."

   El padre Karl Rahner, S.J., a quien muchos consideran el primer teólogo católico del siglo XX, también está de acuerdo con la idea de la hominización tardía. Escribió en su Dokumente der Paulusgesellschaft en 1962: "No se puede interpretar a través de las definiciones dogmáticas de la Iglesia que asumir que el salto a persona-espíritu ocurre sólo durante el transcurso del desarrollo del embrión, sea contrario a la fe. Ningún teólogo proclamaría la habilidad de probar que la interrupción intencional del embarazo [aborto] es en cada caso el asesinato de un ser humano." Bernard Haring, el estimado teólogo redentorista también defiende la idea de la hominización tardía. En este sentido nos muestran que son tradicionalistas auténticos.

   En el siglo XV, el santo arzobispo de Florencia, Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba a favor de los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común. El Vaticano no lo criticó por ello.

   De hecho fue canonizado más tarde como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos. Muchos católicos no saben que hay un santo católico que estaba a favor de la elección que fue también arzobispo y dominico.

En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo.


   En el siglo XV, el santo arzobispo de Florencia, Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba a favor de los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común. El Vaticano no lo criticó por ello. De hecho fue canonizado más tarde como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos. Muchos católicos no saben que hay un santo católico que estaba a favor de la elección que fue también arzobispo y dominico.

   En el siglo XVI, el influyente Antonino de Córdoba dijo que se prodría tomar medicina abortiva incluso más tarde en el embarazo si la salud de la madre lo requería. La madre, insistía, tenía un jus prius, un derecho anterior. Alguna de las enfermedades de las que hablaba no parecen ser tema de vida muerte para las mujeres y aún así afirma que la medicina abortiva inluso en estos casos está permitida moralmente. El teólogo jesuita Thomas Sánchez que murió al principio del siglo XVII dijo que todos los teólogos católicos contemporáneos suyos estaban a favor del aborto temprano para salvar la vida de la madre. Ninguno de estos teólogos u obispos fueron censurados por sus opiniones. Fijémonos de nuevo en el hecho de que uno de ellos, San Antonino, fue canonizado como santo. Su actitud limitada a favor de la elección se consideraba completamente ortodoxa y aún puede ser considerada así hoy en día. En el siglo XIX, invitaron al Vaticano a participar en el debate sobre un aborto muy tarde en el embarazo, en el que sería necesario desmembrar un feto formado para salvar la vida de la madre. El 2 de septiembre de 1869 el Vaticano renunció a pronunciarse sobre el caso. Refirió al que hizo la pregunta a la doctrina de los teólogos acerca del tema. Era, en otras palabras, asunto de los teólogos hablar de llo con libertad y llegar a una conclusión. La decisión no era del Vaticano. Esta modestia tan apropiada y la falta de inclinación para intervenir es un modelo católico antiguo y sabio del cual el Vaticano actual podría aprender la lección.

   Esta breve excursión a través de la historia nos muestra que en la historia católica la postura "a favor del aborto" coexiste con la postura "en contra" y ninguna postura puede reclamar el derecho a ser más auténtica que la otra. La postura a favor de la justicia moral del aborto por razones de peso es de hecho la postura principal de los estudiosos religiosos, incluyendo el catolicismo. Los católicos son libres de tomar sus propias decisiones de acuerdo a su conciencia según esta historia. Ni siquiera los papas afirman que la postura que prohibe todos los abortos y los anticonceptivos sea infalible. La doctrina respecto a los abortos no es sólo no infalible, sino que está, como dice Gudorf, "sin desarrollar." El aborto no era la "el modo favorito de control de la natalidad porque, hasta bien entrado el siglo XX, era extremadamente peligroso para la madre." No había ninguna enseñanza católica coherente respecto al tema, como nos ha demostrado nuestra breve excursión a través de la historia, y tampoco la hay aún. Unos cuantos estudiosos católicos actuales dicen que cualquier aborto directo es malo, algunos dicen que los casos de peligro para la madre, concepción por violación, deformidad genética detectada u otras razones, son excepciones. La sensata conclusión de Gudorf es: "La mejor evidencia es que la postura católica no sólo no es inamovible, sino que evoluciona."

Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación familiar... Pero también tienen perspectivas más moderadas que permiten la anticoncepción y … el aborto … por razones serias.


   Uno de los tesoros de la tradición moral católica era la teoría del Probabilismo. El probabilismo se puede aplicar a la justificación del aborto. El probabilismo defendía que una obligación dudosa, una "que no fuera inamobible", como dice Gudorf, no puede obligar como si fuese cierta. Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad. Hay duda cuando hay buenas autoridades y buenas razones para una perspectiva más liberal, aunque haya más autoridades y razones en contra. En ese caso la conciencia católica es libre. Prestemos atención al hecho de que el Probabilismo fue un triunfo católico en la defensa de la conciencia. No dependía de la autoridad jerárquica, sino de de la perspicacia, la nuestra o la de expertos de fiar. No dependía de la jerarquía, cuya mayoría no son teólogos. No dependía de permisos, sino de visión, la nuestra o la de la gente en quien confiamos. Desde el punto de vista técnico de la teología moral católica , el derecho a escoger un aborto por razones serias es una "opinión solidamente probable."

Sexo, Mujeres y el Sensus Fidelium

   Ciertas asunciones culturales influyen mucho siempre en los debates sobre sexualidad y reproducción. Normalmente implican actitudes hacia las mujeres y el sexo. Una cultura que considera a las mujeres como origen del mal, como Pandora y Eva va a tener problemas a la hora de justificar tener relaciones sexuales con ellas y puede concluir que sólo la reproducción podría justificar la confabulación sexual con las mujeres. Eso es exactamente lo que ocurre en la cristiandad. Agustín dijo que si no fuera por la reproducción las mujeres no servirían absolutamente para nada. Según él "en cualquier otra tarea un hombre podría ayudar a otro hombre mejor que una mujer." La actitud de las primeras comunidades hacia las mujeres era venenosa. El derecho mosaico asumía la propiedad masculina de la mujer. Los escritores de la iglesia temprana decían que las mujeres carecían de razón y sólo poseían la imagen de Dios por medio de una conexión con los hombres. Para Lutero las mujeres eran como clavos en la pared, cuya naturaleza les prohibía salir de su situación doméstica. Y santo Tomás de Aquino decía que las hembras eran el producto de los embriones machos que habían sufrido algún daño y que, mediante algún accidente en el seno materno, se convertían en hembras. Como dice la profesora Gudorf en su libro refrescantemente sensato Cuerpo, Sexo y Placer (The Pilgrim Press), la iglesia ha rechazado todos esos desatinos pero "continúa enseñando la mayoría del código sexual moral fundado en tales pensamientos."

   No es de extrañar que haya una nueva forma de pensar respecto a la ética sexual y reproductiva. Como dice Gudorf: "En el último siglo la iglesia católica (y la cristiandad en general) ha cuestionado drásticamente el significado del matrimonio, la dignidad y el valor de la mujer, la relación entre cuerpo y alma, y el papel del placer corporal en la vida cristiana, el conjunto de los cuales tienen implicaciones revolucionarias para las doctrinas de la iglesia sobre sexualidad y reproducción. En efecto, los cimientos de las antiguas prohibiciones han sido derribados y los nuevos no van a soportar el peso de las prohibiciones tradicionales."

   Gudorf y otros teólogos católicos no están solos dentro de la iglesia en este cambio de las doctrinas católicas tan dramático e importante. En 1954 el papa Pío XII preparó el camino para un cambio en la doctrina católica cuando permitió el método rítmico. Aunque hizo alguna pequeña objeción sobre el método a usar, bendijo el intento de anticoncepción y los resultados de la anticoncepción. Incluso dijo que un matrimonio podría tener más de una razón para evitar tener hijos por completo. En 1968 cuando el papa Pablo VI reafirmó la perspectiva de que toda anticoncepción mecánica o química era pecaminosa, los obispos católicos de catorce países diferentes estuvieron en desacuerdo respetuosamente y dijeron a los fieles que no eran pecadores si no podían aceptar esta doctrina papal.

   La mayoría del laicado, por supuesto, ya había tomado una decisión. Los índices de natalidad en las naciones llamadas católicas" de Europa y Lationamérica son negativos, o casi y, como dice Gudorf con ironía, "es didícil creer que la fertilidad se redujo a la mitad a través de la abstinencia sexual voluntaria." La doctrina de la iglesia dispone de los medios adecuados para tal disensión de la doctrina jerárquica del laicado católico. El sensus fidelium, el sentido de los fieles es una de las fuente de verdad de la teología católica. Quiere decir que las conciencias y experiencias de la gente buena son un poste indicador que incluso la jerarquía debe consultar.

   Historicamente el mejor catolicismo no es tan rígido como nos lo muestran muchos obispos, papas y conservadores temerosos. Hay, como dice el teólogo católico Charles Curran, disensión en la doctrina jerárquica que está "dentro y a favor de la iglesia." A través de gran parte de la historia católica la jerarquía enseñó que cobrar interés por un préstamo era un pecado de usura --incluso una cantidad mínima. El laicado vio que esto era un error y decidieron que demasiado interés era pecaminoso y que una cantidad razonable no lo era. Un siglo o dos más tarde, la jerarquía estuvo de acuerdo...sobre todo después de que el Vaticano abriera un banco y aprendiera algunos hechos de la vida financiera. El laicado está de nuevo, junto con los teólogos, dirigiendo a la iglesia respecto a la libertad moral de practicar la anticoncepción y usar el aborto como recurso cuando sea necesario. Quizá si los miembros de la jerarquía estuviesen casados y tuviesen familia, podrían seguir la sabiduría del laicado respecto a este tema a un paso más vivo. Sería una pena que tardaran un siglo o dos en respetar la conciencia del laicado, ya que esa conciencia tiene su cimiento y belleza en la experiencia vivida y embellecida del matrimonio y los hijos.

   La profesora Christine Gudorf es optimista respecto a este tema. Cree que dentro de una generación o dos la doctrina católica "cambiará para fomentar la anticoncepción en el matrimonio y permitir el aborto temprano en ciertas circunstancias." Continúa: "Este cambio ocurrirá porque según se enfrenta la iglesia católica a la realidad de una biosfera que intenta sobrevivir en torno a una población humana numerosísima, discernirá la voluntad de Dios y la presencia del Espíritu en las elecciones de aquellos que elijan compartir la responsabilidad de las vidas y la salud y prosperidad de las generaciones futuras al no reproducirse ellos mismos, incluso si esa elección implica la anticoncepción artificial o el aborto temprano."

   Como teólogo católico no soy tan optimista como la profesora Gudorf respecto a un cambio jerárquico en un futuro cercano. Pero a los católicos bien informados realmente no les importa. La iglesia ha cambiado aunque la jerarquía no lo haya hecho. El sensus fidelim, el sentido de los fieles, ha cambiado. Los teólogos han recuperado los mejores pensamientos de la tradición católica y han hecho explotar la caricatura restringente que ha distorsionado la imagen del catolicismo moderno. Dos filósofos católicos, profesores de la Universidad de Seattle, una universidad católica jesuíta escribieron un libro llamado Una Defensa del Aborto Católica, Liberal y Breve (University of Illinois Press). Concluyen: "Sostenemos que la mayoría de la teología católica del siglo XX sobre el aborto es una caricatura de la rica y variada tradición del catolicismo respecto a este tópico."

   Repetir como un loro las perspectivas conservadoras y más extremas respecto a la ética reproductiva según está enunciada en la teología del Vaticano no le ayuda a la iglesia católica ni al mundo. Presentarlos como la única perspectiva católica ortodoxa denigra e insulta la riqueza de la tradicional moral católica. 

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